sábado, 11 de enero de 2020

Cine roedor presenta: El Faro.


Hace dos días fuimos a ver El Faro mi pareja y yo, íbamos con las expectativas bastante altas por las buenas críticas que le habían dado. No nos decepcionó, de hecho, sobrepasó esas expectativas.
La película a nivel visual es impresionante, tiene la característica de parecer una imagen vieja del siglo XIX, un daguerrotipo de los paisajes desoladores de la isla, el mar y el faro. El formato de pantalla para presentar la película es un factor que añade cierta atmósfera que me llevó a sentir una clase de encierro, esta sensación se intensifica cuando la acción se lleva a cabo al interior de las instalaciones del faro. Las imágenes en los momentos más escabrosos se llevan a un extremo donde la saturación y la iluminación incomoda de sobremanera, llevándome a un desentendimiento, desconocimiento, desconcertado, lleno de horror de los eventos que la cámara muestra, sin esperar ser cómoda para los espectadores. Un último punto que me gustaría tocar respecto a la “cinematografía” (disclaimer, no tengo muchos conocimientos profundos sobre todo lo que implica la cinematografía de un filme, es más una apreciación personal de esos elementos), la música. Es un elemento imprescindible para la fuerza con la que el mensaje llega al espectador, minimalista como poca, adaptada para hacer la experiencia aún más impresionante y, hasta cierto punto, bestial.

Las actuaciones de Willhem Dafoe (Tom Wake) y Robert Pattinson (Ephraim Winslow) son magistrales, entregan un trabajo que pocas veces he visto, la carrera de Pattinson me parece que ha logrado superar desde hace mucho tiempo a la saga de Crepúsculo, para mí, se ha vuelto en uno de los más grandes actores en la actualidad (será un muy buen Batman, lo aseguro); Dafoe no se queda para nada atrás, es un actor que puede ser cualquiera, desde Jesucristo hasta el duende verde. Unos verdaderos maestros.

El ambiente que logra el director, como lo ha dicho en algunas entrevistas, fue un proceso harto difícil y arduo, pero hecho con la más grande dedicación. Recrear una época lejana no es algo ajeno para la mayoría, lo particular del Faro es que no solamente se centra en el aspecto visual (por demás decirlo, pero es impresionante el nivel de detalle con la que se construye todo ese mundo), provoca una sensación de espacialidad y no solo de temporalidad, es decir, el ambiente se torna genuino, nos invita a sentirnos encerrados, con los olores, los sonidos, los sentimientos que nuestros personajes experimentan, la narrativa tiene varias dimensiones, desde el mismo formato que maneja la cinta, hasta la aparente carencia de profundidad en los diálogos,  en ese aspecto, hay mucha coherencia entre como se expresan los personajes y su realidad dentro de la ficción creada en la película, sobre esto es destacable que el director haya tomado el estilo, tono e inclusive algunos personajes de la literatura de Herman Melville, en especial de Moby Dick (como el mismo director menciona en las entrevistas), sin embargo, no es la única fuente de la que beben los diálogos, se nota la influencia de Edgar Allan Poe, los reveses y decadencia de Baudelaire o Rimbaud, inclusive en el misterio de Emily Brontë en Cumbres Borrascosas . Como se sigue de lo anterior se hace sumamente evidente la toma algunos elementos propios de la literatura del siglo XIX, uno de estos elementos que más me gustaron fue la caracterización del lugar donde la acción se lleva a cabo, el faro tiene un encanto/horror sobre la audiencia, se podría llegar a conocer al faro como un personaje más, en algunas partes de la cinta puede incluso creerse en que el verdadero villano es el faro y su voz la alarma de niebla.

Es increíble el nivel de incomodidad que causa la cinta desde los primeros momentos, el componente de ansiedad tiene, a mi parecer, un valor de construcción, llevando poco a poco a la audiencia a un anti-éxtasis hacia el final, la tensión es demasiada. No podía dejar de pensar en que todo se encontraba mal desde el principio, sólo era cuestión de tiempo para que todo explotara en un frenesí ciego. Eso último no es exageración, los elementos sobrenaturales saltan a la vista como quien ve por unos segundos en la ranura de la llave, pero el máximo multiplicador de todo esto (y, dicho sea de paso, lo que motivó esta “reseña”/opinión) es el lento camino hacia la locura. La locura es retratada de manera consecuente a las diversas eventualidades a las que se enfrentan los personajes, algunas interiores de cada uno y otras exteriores a ellos. El progresivo ascenso a la lámpara del faro por uno de los personajes va de la mano por su paso de ida a la locura total, hay un ambiente pesado a su alrededor, la violencia que ejerce contra el medio, contra sí mismo y contra su compañero no solamente tienen una connotación visual, esta violencia se hace personal, es difícil dejar de ver las escenas donde la sangre o la decadencia humana se hacen palpables. El impacto psicológico que representa ver a un personaje ficticio totalmente falto de cordura, y todavía llegando aún más profundo en su propia locura, es algo que, personalmente, muy pocas veces he logrado sentir, el terror no es por si mismo en este filme, si no, que es por medio del horror que causa.

Sobre una interpretación de la historia, es uno de los temas que más se discuten entre foros y videos de internet, una de ellas es la clásica, una suerte de reinvención del relato de Proteo y Prometeo (quienes para este punto ya hayan visto la película sabrán por qué se dice aquello), este es un buen momento para mencionar que El Faro tiene muchísimas lecturas, como cualquier obra de arte. La lectura que yo le doy es sobre una metáfora sobre el purgatorio, uno donde los pecados no se han logrado expiar, el personaje de Pattinson sería el penitente que busca borrar sus culpas del pasado, cumpliendo una serie de “pruebas” que lo pondrán al borde de sí mismo, buscando el más mínimo error para deshacerlo, es un libro abierto, jamás fue un secreto para Tom su pasado, solamente veía desde su propio lente. El personaje de Dafoe, cumpliría un rol de juez roto, que ha dejado su misma humanidad y cordura, las ganas de “ayudar” al personaje de Pattinson, sin embargo, esa “ayuda” solo hace de las pruebas mucho más complicadas. Los sentimientos de inferioridad y el progresivo derrocamiento de la figura de autoridad consiguen llevar a ambos personajes a un final totalmente destructivo y violento, solo dejando girones de lo que alguna vez fueron hombres. Uno muerto en una tumba sin cerrar y el otro solo como un montón de comida para las bestias, en esta historia no hay lugar para la esperanza, este no es un purgatorio por el cual se llega al cielo, es uno por donde se entra al más horrendo infierno.

(Me encantó el final de esta entrada, de verdad, si este comentario estuviese hablado, sería una voz en off después de los créditos. Es redundante decir que ésta es una mis películas favoritas del año, es más es una de mis películas favoritas de la vida. Hago un atento llamado para que cada persona que lea esto vaya a verla lo más rápido posible y vivir la experiencia de un filme fuera de lo común, donde se tocarán fibras muy interiores, una oportunidad para conocer a un nuevo director que promete ser uno de los nuevos maestros del horror Robert Eggers ¡VAYAN A VERLA!).  

lunes, 30 de diciembre de 2019

Mensaje por fin de año. XOXO.


Un año más para la cuenta, hasta ahora llevo 23, hacen mucha bulla sobre el cierre de una década, en combinación con el cierre de año esto es una celebración masiva a los anillos que se van cerrando.

Terminar un ciclo es un evento un poco incomprensible para mi, tiempos que terminan y otros que inician, muy poético, basta pensar que conforme muere el año, uno nuevo nace inmediatamente, bastante cercano a aquel capítulo de 31 Minutos donde se acaba el mundo, pero nadie lo notó por que uno exactamente igual se creó en su lugar. La sensación de que todo se encuentra igual al final de todos esos andares se hace presente conforme se ve la aurora de un nuevo día nacer. Tal pensamiento me lleva a sospechar que no hay mucho que celebrar, si solo se piensa en las condiciones externas que nos son inherentes. No obstante, y a pesar de ese vago sentir de inutilidad, es grato recordar todos los eventos que se adhieren a esas condiciones externas. La experiencia humana en toda su extensión, contando lo que nos hizo sufrir y lo que nos hizo sentir la plenitud de primera mano. Por mi parte esa es la razón por la que debería celebrarse una traslación al sol, la esencia de las cosas esta en constante cambio, la existencia también cambia, mas ésta no es tan perceptible (por lo menos las que no son a grande escala, las de escalas megalíticas son otra historia). El cambio de esencia sigue principalmente a la recepción de esas experiencias humanas, hechas grandes por su expresión en sentimientos. Amar la vida, como mucha gente clama en estas fechas, implica amarla en sus expresiones positivas y negativas, sin chistar, con la mejor disposición de arrojarnos al agujero y volver a salir, una razón más para celebrar, el amor a la vida, aunque sea tremendamente complicado hacerlo.

En cuanto a mí, las experiencias de todo este año, siguen lo anterior, lloré, perdí, me alejé, decididamente traté de ser algo mejor, no lo logré, pero no me quedé en el mismo punto en que inicié, es una avance (no dejen que ningún coach de pacotilla les diga lo contrario); noté como las antiguas heridas y los diablos del pasado corrían tras de mí, pude ser por un tiempo más rápido pero al final mejor los acepté, un poco jugando contra mí y otro poco de autodesprecio…y aquí estoy aún.

Las experiencias son varias y éste no es el lugar para contarlas.

Lo que quiero decir es que las oportunidades que trae el “Nuevo año” tienen un trasfondo que jamás se van a quitar ni barriendo la casa el 31 de diciembre por eso de las “malas vibras” (no tomar esto como una excusa para no barrer, es higiene, no lo dejen de hacer). No tomaría por buena esa metáfora donde se ve un nuevo año como un libro en blanco, en mi caso, si quisiera tomar esa metáfora como cierta, tiraría a la basura cerca de 8,395 días sólo por la emoción de “escribir” una nueva historia con 365 páginas en ella. Lo cierto es que en las demás páginas hay cosas que nos duelen, otras más que nos invitan a revivir el tiempo en la memoria, unas más que nos sabrán a nostalgia por no saber arreglar; habrá aventuras y desventuras. Pero una de las cosas de ese “libro” enorme que es nuestra vida que actualmente se deja como un pormenor es la idea de los “grises”, nadie que esté leyendo esto es completamente bueno o completamente malvado, la condición humana impide que se pueda estar en los extremos, la imperfección es latente y sumamente poderosa, nadie se escapa de ella, podremos fingir, pero ella sabe cuando lo hacemos y estará ahí, por cuantos años más vivamos, como lo veo, esa imperfección puede ser como una lechuza o un cuervo, las dos aves son inevitables, coexisten en la amplitud de acciones y pensamientos, si, algo demasiado grande, el segundo, solamente limitado por nuestra biología. Si, mientras cenen recuerden esos errores, lloren si es necesario, recuerden el dolor, las consecuencias, las heridas…para luego sincerarse con ustedes, no todo fue tan malo al final, si lo notan, siempre hubo risas, incluso en los peores momentos, saber que no todo fue negativo es un paso sumamente difícil, sé que para muchas personas es una tarea infinita, no pierdan esas ganas de tratar de ver lo positivo, nadie dice que debemos estar bien siempre, tomen su tiempo.

No tengo mucho más que decir por ahora, deseo que su celebración sea consciente, amorosa, pacífica y reconfortante, el tiempo es inclemente y no dejará que los momentos duren para siempre, disfrútenlo. Al final, nuestra mortalidad es lo que hace especial lo que hacemos, somos poco más que polvo sobre la pequeña canica azul que llamamos Tierra, hasta ahora, el único lugar que celebra el darle una vuelta a su estrella.

Amor, energía, paciencia, paz, serenidad y fortuna.

Feliz 2020.

PER ASPERA AD ASTRA.  

martes, 10 de diciembre de 2019

Dormir en la biblioteca.


Los anchos pasillos de la biblioteca se sentían fríos y secos, ese día no había muchas personas en ella, solo unas cuantas que ojeaban páginas mudas. No me fue extraña esa imagen, siempre pasa que un sueño nos invade cuando se leen libros más pesados que nuestras cabezas.

Las estanterías parecían más altas que de costumbre, probablemente fue esa remodelación que hicieron hace unos meses, en fin, es una impresión tardía (solía ir cada tres días a la biblioteca), pasaba las colecciones: filosofía, ciencia, esoterismo, historia, cocina, música, gramática, lógica, matemáticas, satanismo/autoayuda, etc. no tenía una lectura fija para ese día, tomé algunos libros de las secciones antes mencionadas y procuré ahora si sentarme frente a la ventana donde daba el sol, no quería enfermarme.

Pasaba página tras página, solo eran un desfile de letras impresas, no me decían nada a pesar de mi esfuerzo por tratar de entenderlas. Tras algunos intentos fallidos, fui dejando uno a uno los libros que tomé en el carrito de los bibliotecarios algo polvoriento. Fueron pasando las horas, ninguna de mis elecciones perduró en la mesa. Un poco derrotado, comencé a dirigirme a la salida de la biblioteca, no sin antes revisar el último aparador: Fuera de índice, principalmente eran adquisiciones que no han sido indexadas o libros muy viejos que serían restaurados o desechados dentro de muy poco. Mis pasos se hicieron lentos mientras daba un vistazo a lo que había en los estantes, la calma de un encuadernado azul me llamó la atención, tomé el volumen y lo llevé a la mesa. De las cosas de Paracelso, un título sumamente presuntuoso, sin embargo, muy sensual para una obra a todas luces vieja.

Pensé que se trataría de alguna recopilación de tratados de alquimia, en parte si lo eran, pero había más que solo un grimorio, había detalles de una ciudad lejana que había sido fundada por el antiguo alquimista, una ciudad cuyo nombre (según el autor) debe ser olvidado para salvaguardar los secretos de su interior. Hablaba de su forma de gobierno, un sistema aristocrático sin muchas pretensiones más que tener un estado cercano a la virtud. Las costumbres de aquella ciudad eran variadas y sistemáticas, siempre respecto a las enseñanzas de Paracelso, conjugando los días con cada metal de la antigua alquimia, con algún tipo de espíritu distinto para cada uno. Para este punto de la lectura habían pasado cerca de 2 horas, el libro parecía hacerse cada vez más largo, las palabras eran cada vez más escasas, solo había letras aleatorias, traté de parar, pero unas pulsaciones intensas en mis dedos me hicieron tomar de nuevo el libro, solo para encontrar que ahora se encontraba totalmente en blanco, las letras, la historia, nada, no había nada, pasé cada vez más rápido las hojas, pasaban y pasaban, eran infinitas. Sentía mis manos atadas a la pasta azul, tenía que soltar aquel libro. La tinta brotaba de él, dibujaba en sus páginas símbolos incomprensibles, algunos parecidos a aquellos usados en los aquelarres, otros más que parecían hacerse sangre. De pronto, los símbolos se hicieron nítidos y comenzaron a mostrarme cuanto había vivido hasta aquel momento, pude ver a mi madre mientras me daba a luz, me vi creciendo, todo estaba lleno de aquellos símbolos, mis ojos, las bocas de las personas, pasaba el tiempo tan rápido que pude verme morir, vi los rostros y las lenguas de los seres creadores, millones de rostros que se repetían en un incesante aullar, mi mente comenzó a flaquear, no podía más, había visto a la creación a la cara, solo deseaba perder ese estado, grité fuertemente, pero fue inútil, quería morir, dejar de sostener ese libro…

Sentí una mano sobre mi hombro y desperté, el guardia me había despertado, rápidamente dejé los libros en los cochecitos de bibliotecario y decidí irme a casa, a tratar de olvidar lo que allí sucedió.

martes, 3 de diciembre de 2019

Cafetería de la ciencia (1).

Buenas noches, tardes o días, éste es uno de los escritos que más había tenido ganas de hacer, sin embargo, la falta de preparación académica y la falta de inspiración me llevaron a postergarlo. Hasta hoy, gracias al debate entre Michel Foucault y Noam Chomsky, sin duda alguna es muy emocionante ver como estos grandes pensadores hablan de sus ideas con tanta soltura e inteligencia, por ello, dejo atrás la pena y poco de miedo para iniciar esta serie de posts sobre mi visión de la ciencia, en especial mi campo la química cuántica. Sin más, he aquí el primer post de cafetería de la ciencia. 

Pensar en el desarrollo científico de los últimos cien años, es hablar de una casi infinidad de ideas que construyeron y siguen construyendo el mundo en el que actualmente desarrollamos cada aspecto fundamental de nuestra vida. Hablar de la química bajo esta premisa es discutir sobre una de las ramas más fructíferas a nivel material que el desarrollo científico tuvo a bien aterrizar en conceptos, preceptos, principios, procedimientos, procesos, teorías y tecnologías que guían el progreso material que se vive desde hace más de los cien años antes propuestos. No obstante, prefiero atenerme a esta última cifra por que conlleva recordar la diversidad de rupturas que existieron específicamente en la física, las ideas divergentes de la mecánica cuántica y la mecánica relativista dieron dirección al desarrollo científico más puro, una clase de vida fundamental, sin más ambición que encontrar la configuración primera del universo que se abría poco a poco ante la mirada estupefacta de cuanta persona tuviera el deseo de buscar esas aparentes verdades (es ahora que se entiende la fascinación que crean los libros de divulgación física).

Para fines de este pequeño comentario, solamente se seguirá el razonamiento sobre la línea de la mecánica cuántica para su posterior traslación en términos de la química cuántica.

La perspectiva histórica desarrolla a la mecánica cuántica como una crítica a los fundamentos más elementales de la física, como lo es la mecánica Newtoniana, y que pronto instauraría un paradigma nuevo. El desarrollo de la idea, de primera mano, contraintuitiva, de una realidad que en sus bloques basales es de naturaleza probabilística fue un hecho que vino a ser debatido y, sobre todo, comprendido tanto por científicos como por filósofos, si bien es cierto que en los primeros años de la cuántica concernía solamente a científicos de alto calibre y a sus alumno, al pasar las dos guerras mundiales y el nacimiento de la sociedad tecnocrática, el debate científico tuvo la necesidad de politizarse, de tener un discurso. Ese discurso fue criticado por mismos científicos (Heisenberg, Schrödinger, Einstein, Bohr, etc.) así como por la filosofía (Arendt, Kuhn, Feyerabend, etc.). La concepción de un mundo guiado por el avance científico fue de ayuda para la ciencia en general, mas, llevó a la no-comprensión de las ideas que se obtenían de este nuevo discurso científico, en especial, el de la cuántica, siendo para algunos la síntesis de sabiduría ancestral de distintos orígenes y para otros un disparate sin pies ni cabeza ¿Cómo se desarrolló entonces toda esa idea romántica de la exploración del universo a partir la contrariedad que presentaba la cuántica respecto a la experiencia personal y colectiva de quienes a penas aceptaban sus descubrimientos? La respuesta a esta pregunta se debe pensar en términos humanos, desde el propio planteamiento del lenguaje que promovió la creación de nuevos significados y significantes, es decir, una nueva concepción lingüística que ahora estaba siendo absorbida por el imaginario popular que era fascinado por el intento científico de definir lo que trascendía a nuestra propia experiencia humana sin recurrir a la metafísica, solamente mediante la física. Es, en mi opinión, una de las primeras razones por las cuales la cuántica ha maravillado desde principios del siglo XX hasta la actualidad, la búsqueda del verdadero carácter ontológico de la materia comenzó a volverse sobre la respuesta de la cuestión abierta por Copérnico a cerca de nuestra propia existencia, creyendo que bajo el razonamiento que ahora se iluminaba, la naturaleza humana quedaría desnuda (es claro que estas corrientes no prosperaron pero si hicieron mucho ruido, tanto que comenzaron las concepciones alternativas, desde las más inofensivas hasta las que resultaban en afirmaciones que poco tenían de científicas o siquiera de lógica).   

domingo, 3 de noviembre de 2019

Café con leche y pastel de elote (ft. El Mito de Sisífo)

Cuando solía escribir algo más que mi diario, pensaba que las circunstancias y eventos eran un muy buen combustible para confeccionar algo "interesante" (para escribir algo "bueno" aún faltan una eternidad inconmensurable de tomos y, siguiendo la lógica de las anécdotas ser longevo, sutilmente inmortal), las emociones son las que alimentaban las historias que quería plasmar, los poemas que solía tejer...sin embargo, el vacío sucede cuando las letras no son suficientes. Espero no causar la impresión de estar haciendo un lloriqueo (además, éste sería sumamente penoso, es público, y ya saben como es esto...) pero ya estoy harto de no lograr tomar algo en limpio de todas estas semanas, o es una broma demasiado planificada para ser verdad o es una pared tan fuerte que no podría ser rota. Barajé la idea de dejarlo, olvidarme un poco de esto, escribir, sin embargo, algo la emocionante aventura de ser leído, de ser escuchado siempre estará ahí, no creo que se vaya, hasta traté de aventarle un zapato (bota) para ahuyentarla pero sigue estando ahí.

Pero lo que de verdad me tiene aquí tecleando es una incómoda sensación de insatisfacción, si, no debió haberme tomado tanto tiempo el descubrir esa incomodidad. Salvo contadas personas, nadie se preguntará qué es esa incomodidad o por que tiene tanto influjo sobre mi, quienes hayan leído una o dos entradas en este proyecto, verán que mis "escritos" son obtusos, erróneos, con faltas tan grandes de ortografía (perdóneme, miss M., olvidé lo que es escribir "como Dios manda") que harían sollozar a los más doctos en estos menesteres. Es una insatisfacción honda, propiamente dicho,  es un estancamiento creativo (por no decir que no tengo ideas novedosas, temas que explorar, algo más que decir) las ideas suelen ser mejor manejadas por el cerebro, parece un alquimista o astrólogo que puede manipular ese batido de nudos que de repente aparecen, en forma de imágenes, de sonidos o sensaciones ¿Cómo se escribe eso? ¿Cómo escribir lo que no tiene palabras? Tiene poco de sencillo esto, no dudo que mentes mucho más aptas que la mía se hayan dedicado a responder esas preguntas y muy probablemente hayan terminado con más, lo cual no es nada malo, es una forma de aventurarse más allá, nos damos cuenta lo enredado que es ser un animal con conciencia de la esencia después de su existencia (signifique lo que signifique eso) ¿No han tratado de suicidarse intelectualmente? Debe ser bastante reconfortante no tener que inventarse problemas y vivir un día a la vez, no lo digo con ironía, si no como una idea que a la mayoría les será familiar y para quienes no, es que la viven sin  siquiera estar conscientes de ello pero, supongo, que han decidido dejar ese revólver imaginario y dejarlo en la mesita de noche, después habrá momento para jugar a la ruleta rusa, lo malo, ya sabemos donde está la bala y el juego es solamente saber cuando jalar ese gatillo ¿Emocionante? Probablemente ¿Aborrecible? Si, un rato bastante largo.

Pero me desvío del tema, la insatisfacción es fuerte y por lo que ha sucedido últimamente es mucho más larga de lo que podía pensar, tomé algunas precauciones para cuando pasara, pero todo se agota. Además, es como iniciar la carrera entre la liebre y la tortuga, por más que sea liebre, no alcanzaré la tortuga, siempre con una ventaja, infinitadecimal, más pequeña que un quark, siempre estará ahí, sinceramente es desesperante. Ah, que decir de los días que se despiden en un abrir y cerrar de ojos, a la espera de lo especial de los días ¿qué sucede cuando los días son tan iguales entre si que lo especial en ellos sea justamente eso la monotonía? No, no quiero decir que la rutina es un mal que nos aqueja y debemos combatirla con sonrisas y buenos pensamientos, en muchos sentidos la rutina es una forma de salvaguardar el orden que tanto buscamos, sin un pelo despegado. Afrontar la realidad de la finitud, de la inconmensurabilidad, de la muerte, es un poco más que un ideal, plagado de los mismos problemas que llevaron a ese punto, es tan divertido jugar a hacer uroboros con nuestras vidas y pensamientos, pero en algún momento debe parar. Buscar una solución es regresar al problema pero ahora con más peso, para sumergirse bien y tocar el fondo de ese charco que poco a poco se vuelve un océano. Mi solución tiene mis defectos, pero podría funcionar, eso lo veré. La clave: El Océano. Llenarlo de vida, que cada vez se vuelva más y más pequeño, es complicado iniciar de la nada, por ello habrá que sumergirse hasta el fondo, plantar algas, hacer del charco un tremendo hogar oceánico, hasta que no haya más remedio que salir, empaquetarlo en una esfera de vidrio y tenerlo cerca del corazón, junto a los demás charcos-océanos, hay que guardar esos uroboros para que, por lo menos, cambien de forma y de serpientes, con suerte, al final, habrán alegres reptiles que no coman su propia cola.

No siempre está tan mal estar detrás de la tortuga, seguirá avanzando queramos o no, es la cuestión más trascendente e importante, jamás se le puede alcanzar, nunca se termina de llegar a la cima con la roca. Conviene disfrutar de trayecto dejando que la tortuga avance y dejando a un lado la piedra, el camino es tan largo como lo es un beso, imaginen su vida en el próximo que den, tan fugaz, tan perecedero pero se puede ensanchar (no los besos) no es necesario ir en línea recta, siempre es mejor ver los caminos que van a los lados, pedir perdón cuando se daña la carretera de alguien más y esa clase de cosas, las metáforas con carreteras son suficientemente explícitas, se dejan las demás al lector.

Por hoy es todo, ya no tengo más que decir, para quienes llegaron aquí, muchas gracias, es lindo que se tomen el tiempo de leer algo como ésto.

Per Aspera...lleguen a las estrellas como ustedes quieran.

lunes, 30 de septiembre de 2019

París era una Fiesta, Ernest Hemingway.

Hay una pregunta que ha estado alrededor de mi vida por últimos siete años ¿Cómo recordaré lo que pasó? ¿Qué son los detalles que se quedarán? ¿Qué otros irán perdiéndose por el correr del tiempo? No soy el único que se ha preguntado ésto, al fin y al cabo, el futuro y la permanencia de nuestra memoria a través del tiempo es una de las más grandes cuestiones en la historia misma de la humanidad. 

El crecimiento y el paso del tiempo tienen una peculiaridad: a medida de que estos van pasando y se van quedando en el pasado, tendemos a tener un recuerdo brillante, de una u otra manera dejamos que lo mejor sea la verdad, dejando atrás todo lo demás, inclusive si estos daban sentido, amplificación a aquellos destellos de la memoria. Retomar aquellos momentos unos años después es lanzar una bengala en un camino obscuro que ya fue recorrido, no obstante, en cuanto seguimos los pasos atrás podemos tener una imagen completa, podría decirse que, hasta cierto punto, una descripción detallada de aquello que se rememora, siempre habiendo una inclinación hacía lo positivo. 

Hemingway presenta un compilado de anécdotas que relatan su estadía en París, en los años entre 1918 y 1929, éstas tienen varias capas de lectura, desde un retrato de la ciudad de la luz, hasta el crecimiento que el escritor tuvo a partir de las "aventuras" y vivencias. Una cuestión interesante es el medio por el cual se nutre el mito de, citando a Tatie (Hemingway), "la mejor ciudad para escribir" por los escritores, escritoras, pintores y pintoras que cohabitaron ese espacio con el autor, estas personalidades excéntricas, míticas como pocas hacen de París una fiesta de lo más particular. El cambio de siglo y el fin de la primera guerra mundial tienen sus contrastes en el libro, la constante transformación de la ciudad, de los puestos de periódicos, de las carreras de caballos a las carreras de bicicletas. La bebida es como una música de fondo, no connota un vicio, es una forma de acentuar las situaciones que se describen, dan una luz bohemia que se extiende por todas las páginas. Se construye un mito a partir de las imágenes que el autor evoca en cada párrafo.  

La personalidad que sobresalta, en las primeras páginas del libro, es Gertrude Stein, la artista que amadrina a esta generación "perdida", siendo un oráculo a ratos, mientras que en otros es una figura tenebrosa y autoritaria. La perfecta madrina. 

Los compañeros escritores de Ernest no se hacen esperar, Ezra Pound es un gran recurrente en sus recuerdos, siendo un amigo de cenas y de episodios variopintos. Un nombre que sólo resuena al final del relato tiene un peso casi místico, la narrativa se detiene y respira para contar con detenimiento las peripecias del gran Francis Scott Fitzgerald. Es cómo si una leyenda se hiciera realidad, una figura blanca, pensativa, con muchas palabras que decir, hipocondríaco, imbuido en una relación tóxica, un torpe como pocos...sin embargo, es el único que el autor ha considerado como uno de sus amigos verdaderos, un autor inigualable que solamente no pudo mejorar por que su muerte le detuvo, de todas las anécdotas ésta es la que tiene una carga emocional más grande (sin contar aquellas con su esposa e hijo), el amigo más leal que ha tenido, dice reiteradamente al final de los dos capítulos de Fitzgerald. Mis favoritos personales y los que más recomiendo de la obra. 

La escritura de Hemingway se siente sobria, muy adecuada al tono familiar con el que cuenta las vivencias, no hay metáforas complejas o pasajes simbólicos (por lo menos que se lean explícitamente para ello), la honestidad es un rasgo que caracteriza a la forma de narrar estas historias, la introspección se siente genuina y los diálogos son congruentes con esta introspección lo que culmina con una narrativa robusta evitando ser estilizada o fina. El aspecto negativo que más puede verse a lo largo del libro está en el ritmo que tiene en ciertos pasajes, sobretodo los contemplativos, que hacen un frenón en comparación con los demás que presentan acciones y situaciones. Otra cuestión, que no se si calificar de negativa, es que se notan los estragos del tiempo en algunas interpretaciones de los hechos que hacen dudar si realmente así sucedieron, no creo que sea algo que reste a la obra, sin embargo, tengo la impresión de que puede ser un punto en contra para quienes gustan de rigor en los acontecimientos. 

París era una fiesta, tiene muchas virtudes que la hacen un libro que resulta muy agradable de leer, tiene un sentimiento de familiaridad, nostalgia y cariño a aquellos años, tiene bastante honestidad por parte de Hemingway. Tiene un efecto mitificador de la ciudad impresionante, haciéndola un lugar casi de fantasía, de ensueño. París no se había visto así desde la Belle époque. Es un libro recomendable para quienes busquen un crossover épico o para quienes busquen penetrar en el crecimiento del autor. Sin lugar a dudas, las luces de la memoria son las más brillantes, tal vez no hayan sido así de brillantes al principio, pero, como dice una canción: "El tiempo vive en la memoria" y este libro es prueba de ello. 

Gracias por leer esta entrada, si nace de ti dejar un comentario hazlo, compártelo si te gustó, no olvides visitar las demás entradas, tienes algunas reflexiones sobre libros y escritos míos. Sin más por el momento: PER ASPERA AD ASTRA. 

lunes, 23 de septiembre de 2019

Las Noches Blancas, Fedor Dostoievski

Recuerdo cuando en la prepa, durante el último año, me dejaron la tarea de leer El Zarco de Ignacio Manuel Altamirano, en un principio, fue un libro que me hizo reflexionar mucho a cerca del amor, precisamente de Manuela y El Zarco ¿Era justo el final para ella? el final es uno de los que no terminan de encajar en el imaginario que me he inventado a través de los años.

Ahora con Las Noches Blancas, me encuentro con un libro donde el tema me recuerda aquel libro mexicano. Esta novela es muy corta y acomodada de una manera bastante agradable y cómoda, es una novela romántica donde San Petersburgo es un personaje más que acompaña, reconforta o, a veces, hace que la miseria aumente, haciendo que los escenarios sean cada vez más sensitivos y cercanos para quien lee. 

Los personajes no son muchos, tenemos a Nástenka y su babouschka, el protagonista anónimo (que es a su vez el narrador)  y el amor no correspondido de Nástenka. Estos personajes exploran distintos estadios de un alma enamorada, siendo ella y el protagonista quienes presentan sus historias de amor y desamor que dan un nuevo significado a la primera noche donde estos se conocieron. El protagonista es solitario, ha aceptado su naturaleza como esta es, lo que no significa que no la sufra cuando esta le cae encima. Bajo este punto, se debe decir que el personaje del narrador es el mejor explorado del libro, sobretodo por que su voz es la que recibe más peso en los soliloquios que descubren las emociones más potentes de su psique y, sobre todo, el enamoramiento por Nástenka. A pesar de que se hace más hincapié en él, Nástenka, es una figura muy utilizada durante la literatura del siglo XIX, la de una mujer frágil que se descubre, se abre a través de las conversaciones nocturnas, ella expresa, a veces exageradamente, el amor que ha desarrollado por el hombre que la dejó para ir a hacer negocios a Moscú, lo que abre la posibilidad de empatizar muchísimo más con ella ¿Quién no ha sentido lo que ella? Arder y consumirse en el amor que se ha ido y probablemente no llegará.

De manera personal, la secuencia final, entre la cuarta noche y la mañana, es una de las más interesantes por sus implicaciones emocionales y psicológicas sobre los personajes desgarrando totalmente a uno y haciendo que el otro tenga una aparente felicidad. La realidad a la que se deben enfrentar se ve totalmente polarizada por las diferentes formas en las que se han desenvuelto ambos. Es el fragmento que más me impactó y gustó de la novela.

Para concluir, la novela representa muy bien el estilo de literatura del siglo XIX por los temas que aborda y como los aborda, la exploración psicológica de los protagonistas es interesante ya que, si bien es corta, es efectiva para explicar el modo tan particular de entender la realidad en la que cada uno vive. Las temáticas siguen la corriente de su tiempo, sin embargo, la peculiar forma de escribir de Dostievski, manejando los escenarios y su interacción con los personajes de tal forma que el primero parece tener una conciencia que cambia según las emociones y estados de los personajes; la forma de llevar la narración se siente natural, su aparente simpleza hace que esta tenga una poética muy refrescante y bella.

La lectura de esta pequeña novela esta totalmente recomendada, creo que todas y todos hemos tenido nuestras propias noches blancas, cuando la mañana parecía lejana, callada tras los edificios de la ciudad y las calles que a veces parecen desiertas, mientras que otras parecen llenas de vida y amor...sólo para descubrir que la mañana inevitablemente llega.

PER ASPERA AD ASTRA. 

En lo que encuentro qué escribir. Parte 1.

  Nunca supe como elegir libros Este blog lo comencé hace ya tres años. Esperaba poder verter en él reflexiones sobre lo que leía, de primer...